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Vales Reales- ¿Papel Moneda?







Grandes armas de Carlos III con manto real, cimera real de Castilla y el lema A solis ortu usque ad occasum (Desde la salida del sol hasta el ocaso), origen de la frase atribuida a Felipe II: En mis dominios no se pone el sol, haciendo referencia a que el sol nunca se ponía en los territorios españoles, pues abarcaban los dos hemisferios. También se incluye la palabra Santiago, en referencia al Santo Patrón de España, Santiago el Mayor, y más concretamente al lema tradicional Santiago y cierra España. Fueron utilizadas por sus sucesores hasta 1931, aunque en el siglo xix cayó en desuso.



El tema de la creación de los Vales Reales es un tema muy interante a mi gusto , ha sido estudiado por numerosos autores, tanto con carácter monográfico como dentro de otros estudios más amplios relativos a la creación del Banco Nacional de San Carlos, el primer banco nacional español.

Con motivo del déficit producido por la participación española en conflictos bélicos, se creó en 1780 el “vale real”, un título de deuda pública puesto en circulación durante el reinado de Carlos III, con la intención de hacer frente al déficit de la Hacienda Publica, provocado por la intervención de la Monarquía borbónica a favor de los rebeldes en la Guerra de Independencia de Estados Unidos.



Retrato del rey Carlos III de España



La iniciativa de crear tales vales, fue del banquero Francisco Cabarrús, financiero de origen francés y naturalizado español, cuyas cualidades para las finanzas y su visión de la sociedad ilustrada, le granjearon la amistad de políticos como Jovellanos, Floridablanca o Aranda.

A Cabarrús se debió la idea de emitir estos vales, para hacer frente al grave déficit de la hacienda de Carlos III, los cuales eran títulos de deuda, que ofrecían un 4% de interés anual y un plazo de amortización de veinte años, pudiendo además tener el valor de papel moneda, si bien esta función estaba limitada, pues los comerciantes podían negarse a aceptarlos y no podían pagarse con ellos ni sueldos ni pensiones.

Cuando en 1783 acabó la guerra norteamericana, los intereses de la deuda mediante vales, ascendían a 18 millones de reales y para poder hacer frente a los mismos y a las amortizaciones del capital invertido, no se creó en su día ningún fondo ni reserva especial, por lo que hubo de atenderse exclusivamente con los ingresos procedentes de los impuestos ordinarios.




Francisco Cabarrús, por Francisco de Goya.



Bajo el reinado de Carlos IV la Monarquía se vio envuelta en una serie continuada de guerras que acabaron desencadenando un déficit asfixiante. La primera de ellas, la Guerra de la Convención (1793-1795), ya produjo un enorme déficit —de 2.767 millones de reales— que no consiguió reducirse mediante los subsidios que se exigieron a todos los pueblos ni con los donativos y anticipos de la Iglesia. Así que se recurrió a nuevas emisiones de vales reales que se incrementaron cuando estalló la primera guerra con Inglaterra (1797-1802) y cuyas consecuencias económicas y hacendísticas fueron mucho peores que las de la Guerra de la Convención —el déficit aumentó en un 40%—. En resumen, entre 1794 y 1799 se realizaron emisiones por un valor de 3.150 millones de reales, lo que provocó la depreciación de los ya emitidos.

El Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda Miguel Cayetano Soler creó en febrero de 1798 una Caja de Amortización —«enteramente separada de mi Tesorería mayor», se decía en la real cédula— cuyos ingresos se destinarían a hacer frente al pago de los vales que vencían y de los intereses de los mismos. Además la Caja de Amortización sería la oficina donde se contabilizaría la deuda y donde podrían subrogarse vales por otros de emisión más reciente.5​ El problema estribaba en encontrar los ingresos para la Caja de Amortización. Poco después de crearse ésta se producía la caída de Manuel Godoy por lo que fue el nuevo gobierno de Mariano Luis de Urquijo el que tuvo que abordar la práctica bancarrota de la Hacienda Real.

Urquijo, que mantuvo en la Secretaría de Hacienda a Soler, recurrió a una medida extraordinaria: la apropiación por el Estado de ciertos bienes "amortizados", su posterior venta y la asignación del importe al pago de la deuda a través de la Caja de Amortización. Lo paradójico fue que esta primera desamortización española fue conocida, sin demasiado fundamento, como la "desamortización de Godoy".6​ Sin embargo, estas medidas no consiguieron resolver el problema y la deuda acumulada en 1808 alcanzaba ya los 7.000 millones de reales, de los que 1.890 millones estaban en vales, según la estimación del Secretario de Hacienda interino de las Cortes de Cádiz José Canga Argüelles.



José Canga Argüelles retratado por José Cabana.


Después del intenso debate que tuvo lugar en marzo de 1811, los diputados de las Cortes de Cádiz decidieron asumir la enorme deuda acumulada durante el reinado de Carlos IV y no declararse en bancarrota. Tras rechazar que los vales reales sólo fueran reconocidos por su valor en el mercado, muy por debajo de su valor nominal —lo que hubiera supuesto la ruina de sus detentadores y la imposibilidad de obtener nuevos créditos—, se aprobó la «Memoria» presentada por Canga Argüelles que proponía desamortizar determinados bienes de "manos muertas" que se pondrían a la venta. En las subastas el importe de los dos tercios del precio de remate había de pagarse en "títulos de la deuda nacional" —lo que incluía los vales reales del reinado anterior y los nuevos "billetes de crédito liquidados" que se habían emitido desde 1808 para sufragar los gastos de la Guerra de la Independencia Española—. Esta propuesta quedó plasmada en el decreto de 13 de septiembre de 1813, sin embargo el decreto "apenas pudo aplicarse debido al inmediato retorno de Fernando VII y del Estado absoluto".



Juramento de las Cortes de Cádiz en la Iglesia mayor parroquial de San Fernando, obra de José Casado del Alisal. Expuesto como tal en el Congreso de los Diputados de Madrid.




Para concluir Santillán (1865, p. 10) considera que los vales perjudicaron la circulación monetaria, dado que dieron lugar a fraudes y litigios continuos, en detrimento de la buena fe necesaria para el buen fin de todos los contratos, a pesar de que su montante global en principio no era
muy elevado y que en ese momento no existía otro papel de Deuda Pública para colocarlos capitales ociosos. El descrédito de los vales hizo que el propio Gobierno buscase moneda en especie, necesaria para el pago de salarios de los empleados, de los soldados y de la propia Casa Real. Los tenedores de los propios vales buscaron la forma de realizar operaciones en moneda metálica en cantidades inferiores a trescientos pesos, e incluso se ofrecía un premio por el cambio (Lafuente, 1858, p. 89).
Desde 1784 y durante un decenio los Vales Reales cotizaron a la par o incluso por encima de su valor nominal, hasta su debacle a partir de 1793. Por Real Cédula de 21 julio de 1785 el tesoro redimió 3.334 de los vales de 300 pesos emitidos en 1782, extinguiéndolos en los últimos números, indicando que a su vencimiento y presentados a la renovación se les entregaría a los tenedores de los mismos oportuno libramiento para recibir en la Tesorería el montante del principal y los intereses (Aguirre, 1799, p. 263). Una nueva emisión se realizó por Real Cédula de 7 de julio de 1785 y por otra de 30 diciembre de 1788, 11.000 vales de 600 pesos, por un importe total de 6.600.000 pesos para la terminación del Canal Imperial de Aragón y las obras en el canal de Tauste (Aguirre, 1799, pp. 263-264; Martínez,
1795, p. 207). Desde esta fecha hasta 1793 el número de vales no se incrementó (Hamilton, 1944, p .43).




Carlos IV, rey de España por Francisco de Goya



La impopularidad de los vales entre amplias capas de la población hizo que circulase esta décima popular, que los satirizaba y es buena muestra del sentimiento de muchos españoles contemporáneos hacia su circulación (Lafuente, 1858, pp. 243-244; Sánchez,
1993):

Los que por mal nombre se llamaron vales,
al cabo murieron, porque eran mortales;
único tributo que, tal vez, pagaron
desde el mismo instante en que se crearon.
Porque; según cuentan, los tales señores
fueron en vida malos pagadores.
Huye de esa losa, huye viajero;
porque si la tocas, pierdes dinero,
y el deber piadoso bien se satisface
con decir de lejos “¡Requiescant in Pace!




Firma de Carlos IV de España





Acá les dejo unas muestras interesantes de estos " vales"




Ejemplo de VALE REAL





Ejemplo de VALE REAL



Acá les dejo un ejemplar que fue vendido en la subasta Nº265 de Aureo & Calicó S.L realizada el 5 de febrero del 2015




1799. Caxa de Reducción de Vales Reales. La Coruña. 1500 reales de vellón. (Ed. falta) (Filabo N18BCN). 17 de julio. Nº 137. Leves manchitas, pero magnífico ejemplar. Extraordinariamente raro. EBC.

Precio de Subasta: 3000 EUR




Espero que les guste
Matias


Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Vale_real
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_III_de_Espa%C3%B1a
http://citaconlahistoriajm.blogspot.com.ar/2016/09/los-vales-reales-ejemplo-de-la-mala.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_IV_de_Espa%C3%B1a
http://revpubli.unileon.es/index.php/Pecvnia/article/view/5066/3894

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